Cambio 16 de Chihuahua

Cambio 16 No. 52
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El único penal que reincorpora indígenas

9 de enero

El único penal que reincorpora indígenas

Alexandrina Saucedo

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En el corazón de la Sierra Tarahumara y rodeado de paredes de piedra y concertina se encuentra el único penal a nivel nacional que alberga una población de 264 internos exclusivamente pertenecientes a las distintas etnias indígenas, aquí se preservan los usos y costumbres de los nativos chihuahuenses que por alguna circunstancia deben compurgar una sentencia al interior de un centro de readaptación.

Con uniforme gris, compuesto de pantalón deportivo y playera, tal y como lo marca el reglamento, estos internos conservan parte de su vestimenta tradicional con los huaraches que todavía utilizan y en ocasiones especiales como el Día de la Virgen de Guadalupe y Semana Santa; las autoridades penitenciarias les permiten realizar sus celebraciones con la vestimenta tradicional.

Este Cereso fue reacondicionado en el 2014 para evitar la discriminación y abusos por parte de otros internos debido a su personalidad tranquila y pacífica, además es un lugar donde se busca su reincorporación a la sociedad sin que pierdan sus lazos culturales y familiares.

En esta prisión que fue construida en 1987, los internos compurgan sentencias principalmente por delitos como homicidio y violación, que son cometidos bajo influjos de bebidas alcohólicas consumidas durante las celebraciones o también llamadas Tesgüinadas.

Su salud a base de herbolaria

A pesar de que en el Centro de Reinserción Social número ocho se cuenta con un área médica con medicina de patente, el personal debe conocer sobre el tratamiento con hierbas como laurel, manzanilla, entre otras, debido a que los internos generalmente optan por esta medicina tradicional antes de recurrir a pastillas o jarabes.

Gripe, males estomacales y tos son las principales enfermedades que padecen estos internos, sin embargo por parte de la Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Saludcontinuamente se implementa campañas de salud para evitar enfermedades mayores.

Además, de manera semanal acude doña Micaela, una curandera muy reconocida en la región quien revisa a los internos de una manera muy peculiar al quitarles los “males puestos” con un huevo de gallina que les pasa por la cabeza y luego el resto de cuerpo, posteriormente lo rompe sobre un vaso con agua y lo deja reposar toda la noche y posteriormente se tira.

La justicia para los Rarámuri

Una gran mayoría de los internos que aquí se encuentran, se entregaron a la justicia, ya que su tradición y la comunidad así lo exige, sin embargo al desconocer el idioma y el marco legal, algunos eran víctimas de injusticias o procesos muy largos, de ahí que en colaboración con el Tribunal Superior de Justicia, la Comisión Estatal para Pueblos Indígenas y la Fiscalía General del Estado implementaron un programa de preliberación en beneficio de este sector y que hasta la fecha ha servido a más de 400 personas para obtener su libertad.

A este programa de pre-liberación pueden acceder las personas que hayan compurgado más del 50 por ciento de su sentencia, además que participen en actividades de reinserción como: escuela, deportes, trabajo o talleres, asimismo que los delitos sean de bajo impacto y finalmente deben acreditar exámenes psicológicos, médicos y de trabajo social. Posteriormente, un Juez es quien determina su libertad anticipada.

Tan solo este diciembre de 2016 un total de 16 internos obtuvieron su libertad durante una ceremonia realizada en el Centro de Reinserción Social número dos, ubicado en la capital del estado, y donde autoridades reconocieron la importancia de estas acciones que benefician a un sector tan vulnerable.

Sus tradiciones

Para los indígenas Rarámuris existen dos festividades de gran importancia, una de ellas es la Semana Santa y el Día de la Virgen de Guadalupe. En ambos casos, la Fiscalía Especializada en Ejecución de Penas y Medidas Judiciales permite los ritos, misas y bailes que enmarcan estas fechas, todo ello con sus vestimentas compuestas por un taparrabo que le llaman “Tagora”, que consiste en dos piezas cuadradas de tela blanca que es doblada en triángulo, además usan camisas cuadradas y se dejan aberturas, una en el centro para la cabeza y las otras dos para los brazos.

Las danzas y música principalmente con violín duran alrededor de tres días y es una forma de ofrenda, sin embargo no se deja de cumplir con estándares internaciones marcados por la American Correctional Association, y es así cómo en un penal convergen la tradición Rarámuri y la seguridad con altos lineamientos.

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