10 de julio

Museo Favela: rescata la historia con visión comunitaria

Alfonso Ramírez

El recinto alberga más de 600 restos fósiles de mamuts de todas las edades

Un terreno sin un objetivo de vida en predios de la antigua Hacienda de Bustillos ha sido transformado en un museo ecológico con huerto orgánico, recinto para más de 600 restos de mamuts, animales prehistóricos, piezas arqueológicas, estudio pictórico y hogar con muchos atractivos, con base en el trabajo realizado a lo largo de diez años por Eliseo Villegas y Liz Dávila.

En ningún museo del estado de Chihuahua tienen el numero de fósiles de mamut que tiene este museo, en cuyo patio se ha instalado un pequeño invernadero donde niños de las escuelas de Anáhuac, Cuauhtémoc e incluso de la capital del estado han aprendido a sembrar en semilleros de unicel para generar plántulas de cebollas, pepinos, tomates, calabazas, acelgas y otras verduras.

Liz y Eliseo aseguran que cada día aumenta la preferencia por los productos orgánicos y que, para las personas de la tercera edad, practicar la agricultura orgánica es una actividad revitalizadora, porque se sienten útiles, aparte de que consumirán comida sana cargada de energía positiva. “No hay otra manera de vivir en este planeta. Es nuestra casa y no cuidarla es un pecado de los más grandes”, aseguran.

Contacto directo con la naturaleza
Nos vimos en la necesidad de tomar cursos de agricultura biointensiva. Recibimos reconocimientos de un ingeniero que trabaja con John Gibonns, el padre de la agricultura orgánica; capacitó a todo el ejido, pero muy pocos siguieron. “Nosotros lo solicitamos, el curso, alguna gente lo trabajó, pero luego lo dejaron”, comenta la pareja.

En el traspatio de la casa han habilitado un módulo de capacitación en hortaliza orgánica. “Nos interesa llegar a la gente para que sea autosuficiente con su comida orgánica, en un pequeño espacio; puede ser una llanta, una maceta…”, dicen.

Por azares del destino
Elizabeth Dávila García, directora del museo, dice que por azares del destino ella y su esposo fundaron este museo. Ella nació en el Distrito Federal y llegó en 1974 al estado de Chihuahua, se quedó porque se casó con Eliseo.

“Nunca me imaginé, si alguien me hubiera dicho: “en tu futuro vas a trabajar la agricultura, porque venía del asfalto, entonces nada que ver. No lo hubiera creído. Pero las cosas se dan y yo creo que Dios reparte”, comenta.

Y menos se hubiera imaginado que su esposo, Eliseo Ángel Villegas Juárez, y ella fueran custodios de una riqueza milenaria de la Laguna de Bustillos. Eliseo es de Rancho de Santiago, municipio de Guerrero, compraron la casita vieja hace 11 años. Como ella es pintora, quería una casita en un pueblo tranquilo para hacer sus pinturas. Por eso están aquí.

Los fósiles
Adentro, en una de las habitaciones, están los fósiles de mamut y otros animales, algunas de ellas donadas y otras extraídas del suelo, tanto en Favela como en otras partes del municipio. El primer registro de las piezas lo hizo Elsa Rodríguez de Lascurain, después Jorge Carrera Robles hizo lo propio, por lo que este museo está respaldado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) “porque es patrimonio de la humanidad“.

La directora del museo destaca un rasgo muy especial, pues en otras partes del mundo se encuentran fósiles de mamut adulto casi exclusivamente, pero en Favela tienen de las tres edades, como muelas de adultos, de jóvenes y de bebé mamut, de la especie más antigua de este animal.

Sobre mesas improvisadas descansa una mandíbula inferior de un mamut bebé, que tenían dos muelas arriba y dos abajo, además pedazos de costilla. La pieza número 142 es un colmillo de mamut bebé, que se le partió a la paleontóloga que vino a registrar el fósil.

Está también un pedazo del colmillo de mamut adulto, cuyo largo total se estima en varios metros. Lo acompaña una mandíbula superior de un mamut joven, cuya edad fue determinada por el tamaño del molar. En una caja debajo de varias mesas implementadas con las bases de madera de antiguas maquinas de coser, se guardan cajas y baúles llenos de los vestigios de estos animales.

Hay también una cabeza de caballo primitivo, ardillones, lobo prehistórico, parte de colmillos del tigre dientes de sable, y un cráneo con forma extraña que no ha sido posible identificarlo por paleontólogos de los que han visitado el museo. Se cree que pudiera ser un murciélago, pero la cabeza es demasiado grande.

Otro “tesoro” del museo es un huevo de dinosaurio petrificado, que le regalaron en Coahuila, donde hay dinosaurios como en Delicias, Chihuahua. “Y todo está debidamente registrado por el INAH”, asegura Elizabeth Dávila.

Sobre esas mesas están también fósiles marinos, como caracoles y almejas, que se han encontrado en este lugar y también en Ojinaga. “Chihuahua tiene un acervo muy importante de la historia del tiempo, de los tesoros del tiempo, porque primero fue el Mar de Tetis, por eso estos hallazgos. Son 430 fósiles marinos, imagínese si no necesitamos un museo”, agrega.

El Mundo de los Minerales
“La rosa del desierto” es un cristal trenzado que se encuentra en Samalayuca, además cuarzos de calcita óptica que se usa para hacer lentes. También sobresale una “catedral” donada por un visitante que la trajo de Brasil; es una combinación de cuarzos blanco y amatista, labrada por la acciones del tiempo.

En una vitrina pequeña, los dueños conservan una réplica del dios Tláloc, donada por el INAH, y una piedra en forma de zapato, como si hubiera sido tallado con herramientas modernas, pero es obra del viento y el tiempo.

También hay pedernales de obsidiana en colores blanco, negro, gris, rosa y amarillo que los apaches usaban para fabricar puntas de flecha, en forma redonda y cristalizada, a la que también se conoce como “lágrima de apache”.

INAH valida el Museo Favela
El antropólogo Jorge Carrera, en entrevista posterior, ha comentado que el INAH reconoce el esfuerzo realizado por este museo y ha participado en la identificación de sus piezas. “Hemos entendido que el coleccionismo particular o si se quiere ver comunitario, es muy importante en la preservación del patrimonio de los mexicanos. Los hemos asesorado con datos, criterios, incluso en algún momento algunas piezas dentro del inventario nacional”, dice.

Advierte que el INAH no quita piezas, salvo que se trafique o se haga uso indebido de ellas. Mientras se demuestre que el aprovechamiento tiene que ver con una formación comunitaria. Museo Favela está validado e integrado al inventario de museos chihuahuenses.

“El hecho de que hayan decidido combinar su propia vivienda con el cultivo de agricultura orgánica le da elementos muy sui generis, que ante cualquier señalamiento que pudiera surgir, es necesario reconocer al esfuerzo de muchos años y esta visión muy natural de ir haciendo las cosas”, puntualiza.

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