Ponen la magia  en la cerámica

2 de agosto

Ponen la magia en la cerámica

Ciria Talamantes

El dominio en la técnica y el proceso hecho a mano de principio a fin, distinguen a la artesanía de mata ortiz en méxico y el mundo.

Quienes visitan por primera vez la región de Casas Grandes, descubren que al pie de la Sierra Madre Occidental, dejando la llanura, se encuentra un atractivo formado por la presencia de diversas culturas: las colonias mormonas, los campos menonitas, la presencia de haciendas terraceñas y poblaciones que son más antiguas que la ciudad de Chihuahua; zonas arqueológicas y sitios históricos de la guerra apache y, sobre todo, el mestizaje que ha hecho lo propio al unir lo mejor de cada cultura; las personas de esta región son quienes verdaderamente cautivan a los visitantes.

Dentro de estos atractivos, además de la gran producción frutícola, ganadera y forestal, aparece en primer plano el producto más nuevo de la región: la producción de cerámica artística tradicional, siendo el poblado de Juan Mata Ortiz donde se concentra la mayor cantidad de artesanos que con un gran orgullo la ofrecen a visitantes nacionales y extranjeros.

Ésta es la cerámica más joven de México, que en poco tiempo ha conquistado los mercados fuera del país, principalmente en los Estados Unidos, aportando no sólo economía a la región, sino un carácter importante al arte popular mexicano, al ser nuestros alfareros ganadores de concursos y exposiciones en lugares donde esta expresión artística es apreciada y valorada.

La aparición data del principio de los años cincuenta en Casas Grandes, cuando Manuel Olivas y otras personas de la localidad iniciaron la producción de piezas inspiradas en la antigua cerámica de Paquimé, que fue dada a conocer al mundo por los grandes descubrimientos en los vestigios de la región.

Estas piezas las vendían a los turistas que llegaban a visitar a sus parientes y al ver que representaba un ingreso extra, la población mejoró los procesos y se fueron produciendo piezas de más calidad, hasta que a finales de los años setenta, Spencer McCallum descubrió a Juan Quezada y realizó un gran movimiento cultural y económico al promover esta cerámica en los Estados Unidos.

Los especialistas en la materia le dan el gran valor por ser hecha totalmente a mano, siguiendo los patrones que los habitantes de Paquimé plasmaron en sus piezas hace más de 800 años; aquí no se emplea tecnología para su elaboración, desde la preparación de los barros, la elaboración, el bruñido y la pintura, todo es producto de las manos de nuestros artesanos, quienes agregan su magia.

Al día de hoy, esta artesanía se distingue en dos grandes vertientes: la tradicional, que sigue los patrones de Paquimé y la contemporánea, que tiene gran alcance dentro del arte cerámico, por ser de creación libre y con un grado de dificultad en el diseño que la hace única.

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