Es Palacio de Alvarado una ventana al pasado

2 de agosto

Es Palacio de Alvarado una ventana al pasado

Ricardo Sánchez

Es el inmueble histórico más famoso de la capital del mundo y el mejor vestigio de las glorias mineras que caracterizaron a la región.

Amor, bonanza, filantropía y patriotismo, fueron los principales ejes que movieron al portentoso empresario minero Pedro Alvarado; su paso por la vida dejó para la “Capital del mundo” un patrimonio invaluable, ya que Alvarado no sólo trasciende por construir una de las edificaciones más hermosas del norte del país (Palacio de Alvarado) y un santuario ícono de la ciudad, sino que también deja un legado patriótico, pero también filantrópico entre la élite para beneficio de los más desprotegidos.

En el año de 1898 se inició con la construcción de la casa familiar, en donde el más entusiasmado era el señor Alvarado, quien imaginando un gran palacio, solicitó los servicios del arquitecto cubano Federico Gabriel Amérigo Rouvier y del decorador italiano Antonio Decanini para que comenzaran con esta obra arquitectónica inspirada en los sentimientos hacia su esposa.

En el interior, todo el palacio fue decorado a gusto y estilo de doña Virginia Griensen, se importaron infinidad de piezas como muebles, jarrones de cerámica, porcelanas, cristalería, espejos, marcos de maderas finas y alfombras, entre otras, todas éstas adquiridas en las tiendas exclusivas de Europa y Estados Unidos, de acuerdo al apogeo de principios del Siglo XX.

Tan sólo dos años después de haberse mudado al palacio, en 1905, y a dos meses de haber celebrado una década de matrimonio, la señora Virginia falleció, el 6 de mayo de ese mismo año.

Don Pedro no sólo dejó a la ciudad de Parral dos de sus construcciones más icónicas, como lo es el palacio y además la construcción del Santuario de la Virgen de Guadalupe en 1902, sino que también le caracterizó el patriotismo y la filantropía.

En 1903, escribió una carta al entonces Presidente de la República Don Porfirio Díaz, cediéndole la bonanza de su mina “La Palmilla”, con el firme objetivo de ayudar a saldar la deuda externa con Inglaterra.

Porfirio Díaz agradeció su acto patriótico que mostraba su calidad humana y su bondad, pero no aceptó su ayuda; no obstante, por su patriotismo lo invitó a un importante evento en el Castillo de Chapultepec a donde le llevó al presidente una alfombra austriaca tejida a mano, una factura de esa compra que aún se conserva en el Recinto Cultural Palacio Alvarado y una carta escrita por el ex presidente Don Porfirio Díaz con fecha de marzo de 1906, dirigida a don Pedro Alvarado.

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