4 de diciembre

Chinatú, ejemplo de comunidad en la Sierra

Alfonso Ramírez

La organización colectiva de este poblado mayoritariamente rarámuri destaca por promover la educación a través de internados para niñas y niños, producción de artículos en cooperativas, el bien social y ejemplo cívico de sus familias

San Pedro de Chinatú es una comunidad del municipio de Guadalupe y Calvo, habitada en su mayoría por población rarámuri que se ha organizado de tal manera que su economía progresa en base a educación integral, producción de diversos artículos en cooperativas, beneficio comunitario, bien social y ejemplo cívico de sus propias familias y de otras rancherías aledañas.

El acceso a Chinatú es difícil porque hay que bordear la serranía del estado de Chihuahua, atravesar arroyos y aguantar el “sangoloteo” de un vehículo apropiado para los caminos fuera del asfalto, pero al fondo de la barranca se encuentra un poblado limpio y progresista; los alumnos del internado barren la calle principal y ensayan el desfile del 20 de noviembre con gallardía y marcialidad, como parte de su instrucción escolar.

El vino artesanal, la trucha cultivada, las artesanías y otros productos mantienen a sus habitantes unidos con un fin común de llevarlos a mercados más allá de la cabecera municipal, para no tener que depender de los apoyos institucionales, como pasa en otras comunidades.

Además, en Chinatú se promueve la educación a través de internados para niñas y niños, desde la Primaria hasta la Secundaría en dos instituciones, una para varones y otro para alumnas, que a veces viajan hasta ocho horas para llegar a clases los lunes y regresar a casa el viernes.

A los jóvenes que quieren continuar sus estudios de Preparatoria e incluso de Universidad las cooperativas los apoyan para que viajen a la cabecera municipal de Guadalupe y Calvo o a Parral, Creel, Sisoguichi y hasta la ciudad de Chihuahua.

“Algunas muchachas estudian para ser maestras porque así optan. Se prepararon y se han convertido en lideresas para las nuevas generaciones”, nos comenta el religioso marista Leopoldo Germán Zárate Camarillo.

Leopoldo Zárate lleva 11 años en Chinatú y trabaja en el acompañamiento educativo a varias comunidades. En la Casa Hogar que atienden los maristas hay 25 estudiantes en Primaria, Secundaria y uno de Bachillerato que viene de los alrededores de Chinatú.

El número de adscritos a planes escolarizados se ha ido reduciendo debido a que varias rancherías ya cuentan con escuela, pero hace años no era así. Eso disminuye el número de infantes que acuden a las casas hogar, en donde reciben formación integral en base al Modelo Educativo Yermista (MEY), cuyos principios son filosofía educativa, carisma, ideario, misión y visión.

Este modelo educativo de educación integral abarca la vida espiritual, moral, intelectual, física y social, sus valores son el amor misericordioso, libertad, servicio, responsabilidad, libertad y respeto, mientras que trabaja con planes y programas de estudio oficiales.

La religiosa Jacquelín Jiménez Chacón y sus compañeras siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, fundada por San José María de Yermo y Parras, atienden la Casa Hogar para niñas, que reciben educación de Preescolar y Primaria.

Los sacerdotes jesuitas llegaron a Chinatú alrededor de 1930 con una misión semejante a la que ahora realizan los maristas, pero se retiraron más al Norte del estado en 1996. La Congregación de los Padres de la Misión o Vicentinos está a cargo de la parroquia local.

En esta población viven 300 familias, con tres hijos en promedio cada una, pero también congrega a personas de San José, San Nicolás y otras pequeñas comunidades vecinas.

El vino de Chinatú
José Prudencio Manora Cruz es un rarámuri que con asesoría y la mano de ayuda de un jubilado de Viñedos L.A. Cetto, de Baja California, experimenta con variedades de uva como Garganega, Cabernet, Italia, Merlot y Rondinella, entre otras para producir vino a baja escala.

Este vino es para consumo doméstico por ahora, pero se trabaja en la búsqueda de apoyos para montar una cava y el equipo necesario, mejor que lo que ahora tienen, para poder producir a mayor escala.

El empeño de José Prudencio, enólogo y catador improvisado, no desfallece y cuida con esmero las parras sembradas con base en las plantas que el marista Carlos Preciado, uno de los encargados del albergue, trajo desde Italia.

“Garganega Chinatú 2013: Pasión de la Sierra Tarahumara” es una de las etiquetas que se lee en las botellas de vino. Las marcas y títulos cambian conforme a la variedad de uva.

Uno de las tareas importantes para llevar a cabo la producción de esta bebida es levantar un muro para que las aguas del río Chinatú no afecten el sembradío cuando se desbordan por las lluvias, ya que la humedad afecta las uvas y no se puede producir el vino.

Además, la lluvia tardía y las heladas también afectan la cosecha. En este año José Prudencio tuvo que cosechar en octubre rápidamente el producto a consecuencia de las condiciones climáticas propias de esta región chihuahuense.

En charla con José Prudencio, cuenta que la palabra Chinatú puede significar el lugar donde crecen chinacas, una especie de verdolaga silvestre que se comía en antaño y que tenía en sus hojas una especie de pequeños hilos que usaban para coser prendas.

El cultivo de trucha arcoiris
Con agua que bajan con bomba eléctrica desde un presón, los locales mantienen dos camadas de trucha. Una de ellas con 2 mil ejemplares, cada uno de los cuales pesa alrededor de 300 gramos. La otra camada tiene alrededor de 9 mil ejemplares de 12 centímetros y la producción se vende a la minera San Julián.

“Ya tenemos que ir por más a Guachochi, de donde traen los alevines, esta vez serán alrededor de 8 mil o 9 mil, que se venden a la minera San Julián cada dos meses”, comenta el misionero Zárate Camarillo.

El reto de escalar el Mohinora
Guadalupe y Calvo es un municipio de la Sierra Madre Occidental de Chihuahua, al que se puede llegar por carretera para visitar la Casa de la Moneda, donde se presume que se acuñaron las primeras monedas de Chihuahua, la presa El Caldillo o La Quemada, en la cabecera municipal, un lugar donde las familias y los visitantes pueden convivir sanamente, disfrutando imponentes paisajes de montañas aledañas.

Además, la gastronomía y tradicional hospitalidad de sus habitantes invitan a visitar y hacer un recorrido por las cuevas que habitaron los Cocoyomes en la comunidad de Atascaderos.

Escalar el imponente Cerro Mohinora, el más alto del estado y de toda la Sierra Madre Occidental, con 3 mil 307 metros sobre el nivel del mar, representa un reto para los amantes del montañismo.

Además, desde su cumbre se puede admirar una gran variedad de paisajes naturales y juega un papel ecológico importante por estar situado en la zona de mayor captación de lluvia, lo que es de gran importancia para la dotación de agua a la cabecera municipal.

En sus laderas crece un cacto llamado “Viejitos” (mammilariasenilis, su nombre científico), que es una especie endémica pero está amenazada de extinguirse si no se toman las medidas adecuadas.

En este hábitat se pueden ver variedades de murciélago como el sin cola, orejón, café, canoso y mexicano. También cohabitan la zona armadillos, conejos, liebres cola negra, comadrejas, ardillas, pericos de corona lila, salamandras tarahumara y ranas ladradoras, mientras que en faldas del cerro hay guajolotes silvestres, palomas de collar, conejo, puma, gato montés y coyote.

Todos estos atractivos hacen de Guadalupe y Calvo un lugar ideal para vacacionar.

ooo---000---ooo

Ayúdanos a [email protected]

Si cuentas con información ingresa a pasaeldato.gob.mx y llena el formulario en el apartado “Ayúdanos a [email protected]”. Tu denuncia es totalmente anónima y segura. #FEM #BúsquedaEnVida