Cambio 16 de Chihuahua



Cusihuiriachi, el mineral rico en historia

Alfonso Ramírez

Un espacio lleno de relatos del pueblo fundado sobre una inagotable veta de plata

19 de diciembre de 2018

Cusihuiriachi se niega a seguir el destino que parece acompañar a los minerales cuyas riquezas y excesos al paso del tiempo se reflejan en un triste panorama de casas señoriales e iglesias en ruinas, calles polvorientas, basura acumulada y personas mendigando en la calle.

Por el contrario, luego de tres siglos de explotación de vetas de plata y otros minerales que parecen inagotables, “Cusi” -como cariñosamente la nombran sigue produciendo riqueza y bienestar tanto para las familias que viven en la cabecera municipal, como para las comunidades que se dedican a la ganadería y agricultura en baja escala.

Después de que en 1687 Antonio Rodríguez denunció la primera mina con el nombre de San Bernabé, era tan abundante la riqueza argentífera, que en menos de un año arribaron al poblado una gran cantidad de mineros y gambusinos, por lo cual el asiento minero fue nombrado Alcaldía Mayor de Santa Rosa de Cusihuiriachi, con un amplio territorio en la Alta Tarahumara.

Cerros mineralizados
Cusihuiriachi está rodeado por cerros mineralizados que no han sido explotados debidamente y por debajo del poblado pasa una falla de túneles de la mina Santa Eduviges, con una profundidad estimada de 350 metros de tiro y en donde 150 personas trabajan desde hace 12 años.

En 1921, la cabecera municipal tenía 3 mil 017 habitantes, ahora quedan sólo 80. Además de la población flotante que vive en comunidades o ejidos, de otras actividades como la pequeña ganadería y la escasa minería que subsiste hasta este día, como la mina de La Soledad, que sigue produciendo oro y plata, trabajada desde hace 30 años por los hermanos Villa, descendientes de Fernando Villa.

Menoress son llevados en transporte a una escuela en la comunidad de San Bernabé, que está a 12 kilómetros, para estudiar Preescolar, Primaria y Secundaria. Hace apenas 10 años existía aun una escuela primaria en la cabecera municipal.

“El Nazareno sangrante”
En una parte del templo y resguardado con candado, está “El Nazareno”, un Cristo sangrante tallado en madera que representa una estación del Viacrucis, considerado sanador, por lo que al pueblo llegan enfermos de diversas partes del estado, del país, incluso extranjeros en busca de un milagro.

Socorro Molinar ha trabajado desde hace muchos años al cuidado del templo y cuenta que los “milagros” con la forma del órgano sanado, que son colgados en una manta, han llegado a ser miles, por lo que constantemente tienen que ser retirados.

El “Nazareno sangrante” llegó al pueblo en forma misteriosa y sin que fuera esperado. En principio se colocó en el Santuario de Guadalupe, pero aparecía afuera cada día.

Los feligreses entendieron que no quería estar en ese templo, por lo que fue enviado a Santa Rosa, en donde permanece.

Las llamas del lugar
Originarias de Los Andes, una manada de llamas se ha adaptado al ecosistema de Cusihuiriachi. Se cuenta que estos exóticos animales forman parte del proyecto de uno de los habitantes que quiso formar un zoológico.

Además de las llamas, el susodicho compró avestruces, emús y ponis. El tiempo pasó y tanto avestruces como emús fueron devorados por una manada de perros vagabundos que se cree tienen genes de coyote. Los ponis aún sobreviven pero fueron llevados a otros ranchos.

Alameda de los Mártires
Camino al templo está una alameda en cuyas ramas, se cuenta, fueron colgados los ricos del pueblo por villistas que bajaron de la Sierra, después de cometer tropelías con las mujeres. No se sabe a ciencia cierta si el Centauro del Norte en persona participó en esos hechos. Sin embargo, se afirma que en las noches se aparecen los colgados y se escuchan sus lamentos.

Otros dicen que es el viento que silba al pasar entre las ramas de los árboles.

El Templo de Santa Rosa
Como testigo de la gran riqueza arquitectónica que había en Cusihuiriachi, el Templo de Santa Rosa se empezó a construir un año después de la fundación de Cusi, cuando Juan Isidro de Pardiñas, gobernador de la Nueva Vizcaya, construyó la parroquia en 1688, así como la consultoría y plaza principal. A partir de ahí, se repartieron los terrenos.

En su interior hay un retablo dedicado a la vida de Santa Rosa de Lima, hija de un minero peruano. Esta obra de José de Alcíbar, pintor de Texcoco, consta de 12 pinturas que han sido restauradas por misiones coloniales. Enfrente está el Cerro de Santa Rosa, donde a la distancia y desde cierto ángulo, las formaciones rocosas aparentan el perfil de una virgen.

Museo histórico
El Museo Histórico de Cusihuiriachi inició sus actividades en el año 2000, en una antigua casona que data de 1890 con varias chimeneas que aún se conservan, cuando arribaron las primeras compañías mineras extranjeras.

Manuel Rosario Cruz Figueroa es cronista, curador, artista plástico, escultor de formación autodidacta y técnico electricista que ha trabajado para la Comisión Federal de Electricidad (CFE), entre otras actividades. Ahora tiene a su cargo este recinto de la memoria del pueblo argento.

Finalmente y debido al abandono, los techos se derrumbaron y la casona quedó a cielo abierto. No obstante, se inició el proyecto del museo y un programa con el cual se busca la asesoría de la Secretaría de Cultura o del Instituto Nacional de Historia y Antropología (INAH) para que las antiguas casas y espacios que aún quedan sean declaradas Patrimonio Histórico, Cultural o Artístico y evitar que sean transformadas con puertas y ventanas metálicas.

En una mina subterránea se puede extraer 2 mil toneladas por día de materiales que son llevados a la planta de Malpaso, en donde andan en busca de oro y plata, y en donde trabajan cerca de 150 personas.

Salas de exhibición
En su interior, este museo alberga varias salas. En una de ellas se exhiben fotografías antiguas, cántaros, jarras, lavamanos, lámparas, molinos de maíz, metates, máquinas de coser, utensilios de cocina, planchas metálicas para cocer las tortillas sobre el comal, básculas, armas de fuego, espadas, puñales, cepillos de carpintería, maquinaria minera antigua, alfarería de la región, de Mata Ortiz y otros objetos que han sido donados por los vecinos.

Además, en vitrinas se exhiben trozos de piedra con plata, cobre, plomo y otros metales, que serán identificados por un geólogo de la compañía Dia Bras Mexicana.

Una sala está destinada a la exhibición temporal de obras de arte elaboradas por artistas de la región, como es el caso de las esculturas metálicas de caballos, de César Baray Legarda, que se pueden admirar en este espacio. Cada dos meses se cambia la exposición.

Sobre las paredes está la colección privada del Mosaico Minero con cuadros elaborados por artistas ex profeso para este espacio y que fueron donados al patrimonio del museo, porque sólo obtuvieron una remuneración económica simbólica.

Además es posible encontrar trabajos en madera con formas caprichosas, aprovechando troncos y ramas de árboles. La afluencia a este recinto es cada vez más frecuente por personas de Cuauhtémoc y alumnos de escuelas de los campos menonitas.

Túnel del recuerdo
Tras la llegada de Dia Bras Mexicana ya no es posible visitar los túneles, ya que fueron cerrados por seguridad para evitar accidentes. En esa circunstancia, en un anexo del museo se construye un túnel animado de una mina de 30 metros de extensión, donde lámparas de carburo a las que se les ha adaptado un foco eléctrico alumbran el recorrido. Éste tiene como objetivo que las nuevas generaciones conozcan y no olviden el origen minero de la población.

ooo---000---ooo