Cambio 16 de Chihuahua

Cambio 16 No. 52
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22 de marzo

Rarámuris abren sus cuevas al turismo

Heidi Rodríguez

200visitas

Una de las claves en el patrimonio cultural tangible chihuahuense, son las costumbres arraigadas de sus pueblos originarios pocas veces compartidas con el mundo, como son sus ritos y su dinámica habitacional.

Cerca de las caprichosas formaciones rocosas de los valles de San Ignacio, Bocoyna, más de un centenar de turistas norteamericanos, europeos y nacionales, están listos para descubrir el legado de la milenaria erosión del viento.

Con una antigüedad de 20 millones de años, el Valle de los Hongos, de las Ranas, de La Montura, de los Caballos y de los Monjes, exhiben sus delineadas rocosidades en medio de bosques con varias especies de encinos y pinos, que a su vez son hogar de águilas, pájaros carpinteros, guajolotes silvestres, pumas, venados y zorras.

A dos horas y media de la capital, con rumbo a Creel, su clima en verano es templado y fresco, pero muy frío en invierno, para promediar anualmente 13 grados centígrados pero que en julio, que es el mes más caluroso, su temperatura máxima es de 20.5 grados centígrados.

De entre estos parajes, emerge la Cueva Sebastián, un destino poco conocido para el turismo en general, debido al misticismo de los rarámuris y su rechazo a exponer la intimidad familiar que representan los 300 años de vivir en estas cavidades, las que datan de hace 30 millones de años, explicó el guía turístico, Juan Rascón.

La cueva, junto con muchas más, se expande en el sector del Ejido de San Ignacio, Bocoyna, pero es sólo una del par que le han permitido hurgar a los ojos mestizos. La mayoría de ellas mantienen a raya a todo aquel que no sea de su familia, añadió.

Nombrada en honor al último patriarca que la habitó, fallecido a los 105 años, Cueva Sebastián, representa una excepción al permitir la intromisión de visitantes e incluso turistas, quienes a penas comprenden los beneficios de vivir en una cavidad rocosa de ese tipo, refirió.

Su escenario sirvió como sede del rodaje del filme “Tarahumara”, protagonizado por el actor mexicano, Ignacio López Tarso, estrenada en 1965, destacó mientras guiaba el recorrido al grupo de turistas, frente a una mujer que bordaba más artesanías en venta para generar ingresos a su familia.

Cueva Sebastián ha sido habitada desde hace 300 años y al momento son ocho personas quienes viven en ella, hijos directos de Don Sebastián, a diferencia de los nietos y nietas, asentados en cabañas colina abajo.

Con más de 30 metros de altura, sus paredes son murales de los milenarios escurrimientos de lluvias y nevadas, en lo más alto, pero a un costado derecho, lucen ahumadas por la reciente instalación de un calentón de leña que los protege del gélido clima invernal, dentro de un cuadro de apenas unos ocho metros cuadrados.

Al centro de la cueva, hay una puerta de apenas metro y medio de altura que sirve de entrada al dormitorio de verano para los ocho habitantes de cuatro cinco metros cuadrados de dimensión, y en la cara principal de la cueva, empotraron un corral para chivas y gallinas, acosadas por los coyotes de la zona.

La cosecha del maíz que logran por ciclo, deberá garantizar el sustento anual.

“A pesar de que ya construyen casas, insisten en continuar viviendo en cuevas, porque es una costumbre generacional que se niegan a dejar atrás”, mencionó, Juan Rascón.

Sabía que…

- La cavidad de San Sebastián fue escenario del rodaje del filme "Tarahumara", protagonizado por el actor mexicano, Ignacio López Tarso estrenada en 1965?

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