Cambio 16 de Chihuahua

Cambio 16 No. 49
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El encuentro con el origen

12 de diciembre de 2016

El encuentro con el origen

Javier Kuramura

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En la década de los años 30’s del Siglo XX la ingenuidad de un niño de Basigochi preguntó: ¿es cierto que estas son palabras?

— Si -respondió el tío—, sí son.

Luego, lo ingenuo se convirtió en curiosidad, ¿qué es lo que dicen?

— No dicen m’ijo. ¡Gritan! Este papel grita cosas bonitas y muy importantes.

Aquel niño nunca antes había escuchado a su tío hablar tan bien el idioma de los chabochis (mestizos) y era como si viera, en un papel sembrado de letras, esos dibujitos convertirse en palabras.

Por eso, a los 13 años se enseñó a escribir, para aprender a dibujar todas y cada una de las palabras tarahumaras. Y así, al mismo tiempo que hurtaba los violines de uno de sus hermanos mayores para aprender a tocar instrumentos musicales, se enseñó en las letras y palabras rarámuris para, a sus 20, empezar a contar el razonamiento y concepto de sus antepasados.

Y lo hizo, con la idea de no aportar a la historia contada por los vencedores como en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, no. Tampoco aprendió su lenguaje para reseñar a detalle la conquista desde el punto de vista indígena; no, no es tampoco la visión de los vencidos.

El propósito de Erasmo Palma Fernández era: convocar a su pueblo y advertir a los chabochis (mestizos) a que eran ellos, los de “pies con alas” (como románticamente se les conoce), quienes debían escribir su propia historia porque son quienes la viven y no los europeos u otros extranjeros, que van a sus tierras a conocerlos.

También, porque en sus costumbres, ellos mismos son los que sienten el frío y el calor de sus montañas; el hambre, el ayuno, la abundancia y la glotonería en sus cosechas de maíz, frijol y calabaza y porque ellos mismos en cabeza propia, experimentan el mareo, la embriaguez, la borrachera que causa el tesgüino y la fuerza que da el ímpetu de sus efectos sobre sus aguantadores cuerpos en pruebas de resistencia física por veredas, laderas, barrancas, cascadas, ríos, arroyos y lagos en su habitat de la Sierra Tarahumara.

Así que a partir de aquella temprana curiosidad cargó para siempre a cuestas la epistemología rarámuri con una siempre fiel escribana y cómplice que redactó, tanto en español como en raramuri los trazos del pensamiento que de don Erasmo surgían en canciones, poesía o prosa, su sobrina Elvira Palma, hija de un hermano mayor.

Siempre juntos en el canto y en el acompañamiento musical, que hasta la confundían como su esposa, a donde quiera que los invitaban a participar, ya fueran en la Ciudad de México, en Sudamérica, en Nueva York o en ruinas de otras etnias como Monte Albán, donde sufrió discriminación al no permitirle la entrada al museo de sitio “por llevar puesta” la indumentaria de sus ancestros rarámuris.

Palma Fernández siendo parte de esa cultura incapaz de escribir, trazó y redactó la cosmovisión de este pueblo indígena. Hasta antes de Palma los rarámuris tocaban música, sin letra, con violines, guitarras, flautas y belorinis (tambores) con fines religiosos. La sierra, los pinos y la naturaleza circundante despertaron la conciencia de don Erasmo para introducir el canto a esas melodías que ahora son cultura y mezcla de valores tradicionales entre los tarahumaras.

Sus biógrafos le atribuyen unas 600 canciones. Fundador del Coro de Niñas Indígenas de Norogachi con el que recorrió el país. Autor del libro Donde cantan los pájaros chuyacos en el cual relata la manera en que un individuo tarahumara percibe su entorno y lo interpreta.

“El libro está hecho de lo que uno va pensando; uno ve lo que ha sucedido, sobre algunas historias que se pueden leer, como nos tratamos entre nosotros. Algunas personas no están de acuerdo en lo que está pasando. Algunos son aprovechados, no todos”.

A él nunca le gustó el título que le pusieron a su libro, del cual desde 1997 va en su segunda edición. La idea original de don Erasmo era titularlo con el pensamiento, la visión del mundo de un tarahumara; esa era la idea original de don Erasmo. “Pero así está; así se quedó y, ni modo”.

Un ave fénix, como cosmovisión rarámuri, surgió en el manto azul que cubre nubes, siete barrancas, cascadas, saltos de agua, lagos y montañas del noroeste de Chihuahua. Luego de 88 años de andares entre veredas, matorrales y asfaltos, el domingo 23 de octubre de este 2016, Palma Fernández murió de una neumonía entre los suyos.

Su pérdida parecería displicencia como la de tantos suyos que indiferentes transitan en las ciudades de Chihuahua ante la insensibilidad de los chabochis. Pero no fue su caso. Dibujar su idioma rindió sus frutos: Colaboró como informante y traductor de obras básicas para el estudio de la cultura y lengua tarahumara. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2002 en el campo de Artes y Tradiciones Populares. Del rescate oral de su raza aportó historias, mitos y relatos para el libro Anirúame.

En el prólogo de su libro Donde cantan los pájaros chuyacos, Margarita Aguilar refirió: ‘’Erasmo Palma es un hombre sensible y crítico, romántico y realista, solemne y pícaro. Sabe deleitarse con el paisaje de la sierra o emocionarse porque se le van abriendo las puertas del mundo. Pero es duro para criticar los vicios de su raza y el sueño del que los suyos todavía no han despertado”.

Dejó su legado. Le esperan homenajes en su entidad. Y, en este mundo... le queda su sobrina Elvira Palma en espera también, del reconocimiento a su fidelidad “en el dibujo”.

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